QUE NUNCA DEJARA DE LLOVER “Me enseñaste todo”, dijiste, y tus palabras se tiñeron con la palidez de la tristeza. Ahí, mirándonos hasta el infinito, sin decirlo, supimos que sólo nos habíamos buscado para salvarnos, pero ya no era nada de lo que había sido. Tu mirada puesta en la húmeda oscuridad de mis ojos inundados de lágrimas que no fueron. “Me enseñaste todo”, repetiste, …







