Buenos Aires. Mayo 2026. El 28 de septiembre de 2025, día nacional de la República Checa, tuvo lugar en el Teatro Empire de Buenos Aires la última función del año de la ópera «El retablo de la Jesenská». La obra se reestrena el 17 de mayo de 2026, fecha que coincide con el aniversario de la muerte de Milena Jesenská en el campo de concentración de Ravensbrück.

La ópera consta de una suite de madrigales compuesta por el Maestro Pedro Santiago Chotsourian sobre textos del libro La Jesenská de Ana Arzoumanian. Tres sopranos —Julieta Schena, Sofía Drever y Silvina Suárez— encarnan a Milena Jesenská: destinataria del célebre libro de Kafka Cartas a Milena, su traductora y su amada. La obra, sin embargo, hace foco en la propia vida de Milena: la periodista, la activista, la mujer que decidió portar la estrella de David y pasearse por las calles de Praga en solidaridad con sus amigos perseguidos durante la Shoá.
Cada soprano personifica un aspecto de Jesenská: su maternidad, su espiritualidad y su sensibilidad política. Una y trina, las voces revelan los pliegues de una mujer que vivió en la plenitud de su sensualidad y su compromiso político.
Chotsourian define la obra como un arioso —registro cercano a Peleas y Melisande de Debussy— que combina la narrativa del recitativo con la musicalidad del aria, con influencias del canto gregoriano. Lo sagrado no reside solo en el concepto del retablo, sino también en el modo del canto. La dirección musical estuvo a cargo del propio Chotsourian; la dirección en actuación, de Ana María Rozzi.
La escenografía y el vestuario de Eli di Bussolo, de factura impecable, apostaron por una sobriedad ascética: pocos objetos en escena, máxima densidad emocional. Las voces fueron acompañadas por el piano de Chotsourian, quien intervino además con su composición Briefe an Milena (Carta para Milena).
El mítico Teatro Empire, dirigido por César Mathus y colmado con sus 300 espectadores, fue testigo de una eucaristía de la turbación. El desgarro, el desamparo, pero también la vitalidad y el erotismo del personaje empujaron al público a un estado de consternación que se diseminó más allá del escenario. Una perplejidad hecha de vértigo y desconsuelo al caer el telón.
Entre los presentes, familiares, escritores, músicos, editores, la Cónsul de la Embajada de Armenia y la Embajadora de la República Checa, quienes hicieron del espacio teatral un lugar de emoción comulgada.

Redacción Equipo Editorial Francesca

