MÓNICA TIEZZI EN PARK EN PARK 2025: CUANDO EL COLOR SE CONVIERTE EN RITUAL
Por Marina Galimberti
Buenos Aires, Argentina. 2025. Hay espacios que respiran arte antes de que uno cruce el umbral. El taller de Mónica Tiezzi en Central Park Barracas es uno de ellos. Durante los Talleres Abiertos de Park en Park 2025, la artista plástica argentina abrió las puertas de su santuario creativo y confirmó algo que los entendidos ya intuían: su obra no se comprende plenamente hasta que no se experimenta el espacio donde nace.
Central Park Barracas no es solo un edificio. Es un organismo vivo que alberga más de treinta universos creativos, cada uno con su propia voz, su propio pulso. Entre ellos, el taller de Tiezzi se distingue por algo que trasciende lo visual: hay una energía palpable, una espiritualidad que se siente en el aire antes de que la mirada alcance los lienzos.




El ritual antes del gesto
«Mi taller es un espacio vivo. Cada objeto, cada color, cada rincón tiene su razón de ser», explica la artista mientras señala las piedras, velas y pequeñas esculturas que pueblan su refugio creativo. No son ornamentos. Son compañeros de un ritual que antecede cada sesión de trabajo.
Antes de tomar los pinceles, Mónica medita. Ese instante de pausa no es un capricho new age, es una necesidad vital, el momento en que se abre el canal entre la emoción y el pigmento. «Me conecto con mi interior y con la energía del taller. Solo entonces dejo que todo fluya naturalmente», confiesa con una serenidad que se refleja en la intensidad cromática de sus obras.
Porque en las telas de Tiezzi, el color no está puesto: está sentido. Cada tonalidad responde a una intención, cada trazo es un acto de alegría, de libertad, de presencia absoluta. «Pintar es un acto de felicidad», afirma, y quien conoce su trabajo sabe que no es una frase hecha. Es una declaración de principios.




La comunidad invisible
Park en Park funciona con una lógica peculiar: treinta artistas bajo el mismo techo, cada uno en su órbita, pero conectados por una energía colectiva que acompaña sin invadir. «No trabajamos en conjunto, pero compartir el edificio genera una atmósfera que nos sostiene», explica Mónica. «Hay admiración y solidaridad entre nosotros, y eso hace que el espacio sea aún más enriquecedor.»
Durante los tres días de Talleres Abiertos, el edificio se transformó en un laberinto de emociones y sensaciones. Cada puerta era una historia distinta, cada taller un cosmos particular. En el de Tiezzi, los visitantes no solo miraban: percibían. El aroma de los materiales, la vibración de los colores, la espiritualidad que impregna cada objeto convertían la visita en una experiencia inmersiva.
«Quiero que la gente sienta la emoción del proceso creativo, que entienda que pintar no es solo técnica, sino un viaje interior», dice la artista, quien vendió varias obras durante el evento. Pero más allá de las transacciones, lo que quedó fue el vínculo: esas miradas, esas palabras, esos silencios que alimentan la creación.




El arte como escucha
Desde mi experiencia dando visibilidad a talentos creativos en diferentes continentes, he aprendido a reconocer cuándo un artista ha encontrado su verdad. Mónica Tiezzi la encontró en la intersección entre color, emoción y espiritualidad. «La pintura es un acto de conexión con uno mismo. Cada obra refleja un instante de mi viaje interior. Crear es libertad, felicidad y entrega.»
Park en Park le ofrece el marco perfecto para ese viaje: un espacio que respeta la independencia de cada creador y, al mismo tiempo, genera una red invisible de apoyo. «Es un equilibrio perfecto entre autonomía y pertenencia», resume.
Los Talleres Abiertos 2025 confirmaron que Central Park Barracas no es solo una dirección en el mapa porteño. Es un faro para quienes buscan arte que no se conforma con decorar paredes, sino que aspira a transformar miradas. Y en ese ecosistema, el taller de Mónica Tiezzi es un recordatorio de que el verdadero lujo no está en los materiales, sino en la capacidad de convertir la emoción en luz.
«Pintar es escuchar», dice Mónica mientras cierra las puertas de su taller. «Permitir que el color hable, que la emoción se exprese, que la energía se transforme en forma y luz. Crear es mi manera de estar presente.»
Tres días de emociones grandiosas, diversas, profundas. Tres días donde el arte volvió a recordarnos que, cuando se hace con verdad, siempre es un puente hacia lo que somos.

Marina Galimberti es Gestora Cultural y Curadora de Arte, especializada, desde 2016, en dar visibilidad a talentos creativos de España, Uruguay, Paraguay, Argentina y Estados Unidos, construyendo puentes entre disciplinas y geografías para conectar la creatividad con audiencias globales.

