Un movimiento sísmico en el mundo del arte redefine el mapa cultural de América Latina. La capital argentina se prepara para albergar la colección contemporánea más importante del continente.
Diciembre. 2025. Buenos Aires respira arte. Y en 2026, respirará aún más fuerte. Mientras el mundo del arte mira hacia las grandes capitales europeas y norteamericanas, algo extraordinario está sucediendo en la Avenida Figueroa Alcorta. El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires está a punto de experimentar una metamorfosis que lo catapultará como el referente indiscutible del arte contemporáneo regional.
La noticia ha sacudido los círculos artísticos internacionales: más de mil doscientas obras que durante dos décadas residieron en Suiza regresan a casa. No se trata de cualquier conjunto de piezas. Hablamos de un acervo que reúne lo más significativo de la producción artística latinoamericana desde mediados del siglo XX hasta la primera década del XXI, con nombres que han redefinido el lenguaje visual contemporáneo.
El regreso a casa

Fuente: argentina.gob.ar
Cildo Meireles, Ana Mendieta, Doris Salcedo, Hélio Oiticica. Estos nombres resuenan en las galerías de Nueva York, en las bienales de Venecia, en las ferias de Basel. Y ahora, sus obras más emblemáticas estarán al alcance del público porteño y visitante. Es un giro geopolítico en el arte: lo que durante años estuvo en manos europeas vuelve al territorio que lo vio nacer.
Eduardo F. Costantini, el visionario fundador del museo, ha orquestado esta operación histórica coincidiendo con el veinticinco aniversario de la institución. «Es un sueño hecho realidad», declara, y no exagera. La dimensión de esta incorporación casi duplica el tamaño de una colección que ya era formidable, colocándola entre las tres más importantes del mundo dedicadas al arte latinoamericano.
Si hasta ahora el museo se enorgullecía de sus obras maestras modernas, las visiones oníricas de Remedios Varo, la fuerza expresiva de Antonio Berni, la nueva adquisición equilibra la balanza hacia lo contemporáneo. Setenta y cinco artistas que nunca antes habían estado representados en la colección hacen su entrada triunfal.
Un museo que crece hacia abajo
Pero ¿dónde exhibir semejante tesoro? La respuesta es tan audaz como la adquisición misma: Malba crecerá bajo tierra. La plaza adyacente al edificio esconde un secreto: bajo su superficie verde se construirá una extensión subterránea que duplicará los metros cuadrados del museo actual. Ocho mil metros cuadrados dedicados al arte, a la investigación, al encuentro.
Rodrigo Moura, el director artístico del museo, lo tiene claro: «Esto reposiciona a Malba como la principal colección de arte latinoamericano contemporáneo abierta al público en el continente». Una afirmación potente, pero respaldada por los hechos. Ningún otro museo público de la región puede presumir de semejante amplitud cronológica, geográfica y conceptual.
La fotografía toma protagonismo
Lo que especialmente entusiasma a los conocedores es la extraordinaria ampliación de los fondos fotográficos y de nuevos medios. Ana Mendieta, Rosângela Rennó documentando las grietas de la memoria brasileña. Paz Errázuriz capturando las vidas invisibles de Chile. Marcos López con su barroco pop argentino. La instalación y el video arte, históricamente subrepresentados en las colecciones latinoamericanas, encuentran aquí un hogar robusto.
Geografías expandidas
Colombia y Cuba, países con escenas artísticas vibrantes pero frecuentemente marginadas de las grandes narrativas continentales, ganan peso específico. Belkis Ayón y sus xilografías que invocan la religiosidad afrocubana. Doris Salcedo con sus esculturas que son poemas sobre la violencia y el duelo. José Alejandro Restrepo interrogando la historia desde el video.
Y más allá: Costa Rica, Honduras, Jamaica, Panamá, República Dominicana. El mapa se expande, las fronteras del arte latinoamericano se redefinen. Ya no es solo el eje México-Brasil-Argentina. Es un continente entero que habla, crea, responde.
Septiembre 2026: una cita ineludible
Faltan meses para que las puertas se abran a este nuevo capítulo. Pero ya se respira expectación. Los especialistas hablan de «reactivar» estas obras, de devolverlas a la circulación pública después de años de relativo ostracismo en depósitos suizos. Porque el arte no existe verdaderamente hasta que encuentra su público.
Buenos Aires se prepara para convertirse en destino obligado del circuito artístico internacional. No solo por una adquisición, no solo por una ampliación arquitectónica. Sino porque algo más profundo está ocurriendo: el arte latinoamericano reclama su lugar, cuenta su propia historia, define sus propios términos.
Y Malba, con su fachada blanca en el corazón de Palermo, será el escenario donde se escriba este nuevo capítulo.
EDITORIAL FRANCESCA | Arte & Cultura
MARINA GALIMBERTI
Gestora Cultural y Curadora de Arte, especializada desde 2016 en dar visibilidad a talentos creativos de España, Uruguay, Paraguay, Argentina y Estados Unidos, construyendo puentes entre disciplinas y geografías para conectar la creatividad con audiencias globales.
IG @marinagalimberti.art
