LA ALQUIMIA DE HALSTON

LA ALQUIMIA DE HALSTON

Siempre me impactó Halston. Su exuberancia. Su estética. Mucho antes incluso de saber quién y cómo era, me quedaba en las páginas de sus diseños en las revistas. Eso  era glam!, ahora no se puede usar esa palabra por el mal uso que han hecho de ella, pero quiero decir: “magia y belleza” al mismo tiempo.

 

Sentía un placer visual muy particular y tenía la sensación de estar ante diosas liberales y griegas: tramas volátiles sensuales y simples, que ni ciñen ni apresan la silueta. Una especie de pintura clásica muy moderna con un sinnúmero de figuras lánguidas, pródigas y resueltas. Me transportaba a otro mundo. A un mundo lounge de cocktails en la mano, movimiento, sillones, gente contando historias graciosas y una sonrisa que no espera.

 

Muchos años después, leyendo Harper’s, me encontré con una nota donde Ralph Rucci cuenta cómo se las ingenió para lograr trabajar con él y, al final, regala una anécdota que confirmó mis primeras sospechas: una vez lo vio a Halston cortando un vestido de chifón en el piso, sin moldes, sin costuras y, de eso, hizo una obra perfecta. Relata este episodio con mucha admiración también en el documental (cita [1]). Esto confirma que cada estilo está construido de cierta manera. En el caso de Halston: un mínimo de cortes –al bies en la mayoría de los casos- y ese despojo en los detalles, lleva a la libertad de expresión de las telas.

 

Empecé así a unir impresiones de niña con libros, entrevistas, un documental, revistas nuevas y viejas: vuelvo a pensar lo mismo. Halston es digno de Palas Atenea.

 

Roy Halston Frowick, conocido como Halston y bautizado simplemente como “H” -/eɪtʃ/- dentro del círculo de amigos, nació en 1932 en un lugar del estado de Iowa y murió un mes antes de cumplir 58 años, en 1990 en San Francisco.

 

Con un talento precoz, empezó su carrera en la moda haciendo vestidos y sombreros para su madre y hermana. A principios de los 50 se mudó a Chicago donde trabajó como window dresser -decorador de vidrieras-, tomó un curso de arte y abrió su primera tienda. Luego, se mudó a New York y es ahí donde logró desplegar todo su talento y su estética.

 

En 1958 ya trabajaba para Bergdorf  Goodman y sus sombreros acompañaban a  Sofía Loren o a Audrey Hepburn en las portadas de Harper’s Bazaar y Vogue. Pero su gran hit llega en 1961 al diseñar el famoso sombrero “pillbox” que Jacqueline Kennedy lució el día de la asunción a la presidencia de su esposo, John Kennedy. El traje sobrio de Jackie –aconsejada por Halston y la genial Diana Vreeland– causó un gran impacto y dejó atrás toda una tradición de largos vestidos de gala que hasta ese momento caracterizaban a las primeras damas.

 

Este cambio radical trajo consigo el boom de una nueva sensibilidad americana. Confort y libertad con un sello de encanto, eso es el charm. El “casual chic o casual wear” que, después de Halston e influenciados por él,  continuaron Bill Blass, Calvin Klein, Dona Karan, Diane von Furstemberg o Tom Ford, sólo por mencionar algunos diseñadores que entran en esta tradición.

Buena parte de lo que se dice de él son fragmentos de su exotismo: las leyendas de Studio 54 y la noche neoyorkina, su extensa vida social, la fiestas privadas, su headquarters en la Olympic Tower lleno de orquídeas y estrellas.

Halston vistió a buena parte de las celebridades de su tiempo además de Liza Minelli, Liz Taylor, Margaux Hemingway, Bianca Jagger, Lauren Bacall, Raquel Welch, Ali McGraw, Marisa Berenson, Barbara Walters, a “la bailarina del siglo” Martha Graham, también colaboró con ella. Su amistad con Andy Wharhol. El magnetismo que él mismo ejerció con su especial sex appeal enfundado en impecables trajes, gafas oscuras y peinado a la gomina, es parte hoy del mito que se construyó a su alrededor.

Lo importante es su legado: el acercó el lujo al bienestar y creó una especie de Ready-to-wear muy arriba, con onda Haute Couture (o viceversa) y el resultado fueron prendas muy elegantes y al mismo tiempo fáciles de usar. En ese tránsito fue desde la clientela jet-set de Bergdorf Goodman hasta el catálogo de J.C. Penney.

 

El concepto global de Clothing unido a Home décor, que tenemos instalado hoy, de algún modo fue iniciado por él. Tenía toda una línea de prendas, accesorios, calzados, perfumes, para hombre y mujer, luego su imperio se extendía mucho más allá, hasta alfombras o maletas. Al parecer fue el primero en abrir su compañía a franquicias y en diseñar uniformes para las grandes empresas.

En fin, hay muchas historias para contar, lo trascendental es saber que llevó la moda de los Estados Unidos al mundo y en ese hacer le pertenecieron los 70.

 

By Vale Tetti

[1] “Ultrasuede, In search of Halston” (2010), Whitney Smith

Fuentes fotográficas: www.popsugar.com, www.harpersbazaar.com, www.uslmag.com, www.indiewire.com.

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